martes, 4 de septiembre de 2012

Terminó el amor

 El último día, y por lo menos fue bueno. Una rosa y un mensaje fue lo que marcó el desenlace de cuatro meses muy lindos, pero con un desenlace con muchas lágrimas. Con muchos "te quiero", "que te vaya bien", "fue muy lindo". Con ganas de escribir, de llorar, de gritar, de sentir, vibrar, esperar, ilusionarme, distraerme y de pasar mi llanto.

 Fue casi un momento digno de una película romántica triste. Con muchas canciones románticas sonando en la radio de su auto, mientras mis lágrimas descendían por mis mejillas, mientras que las de ella por las suyas, mientras nos dábamos un abrazo que quería que fuera perpetuo, que nunca cesara.

 Bajarme del auto y mirar hacia atrás, esperando a que ella se bajara y me dijera que me quería y que no quería que esto acabara, fue lo que más me marcó; aunque sabía que eso no pasaría jamás.

 No sé qué es lo que sentirá por mí realmente, y nunca lo sabré. Yo siempre tuve una intuición con rasgos infantiles y ciegos que me hacían perdurar en el intentar e intentar. Siempre sentí que ella me quería demasiado, que daría mucho por mí, pero no se atrevía.

 Algo me hacía pensar eso. Quizás porque no quería que esto acabara, o quizás porque tenía una ilusión porque así fuera. Quizás solo eran idealizaciones creadas por una mente enamorada, que solo buscaba el amor en ella y en su ternura simple y sin orgullo, pero con mucho sufrimiento por el tiempo.

 Quizás nadie tuvo culpas de que esto pasara, y solamente no se dio de manera óptima porque no estábamos listos para afrontar una relación.

 Realmente no sé los motivos de por qué ella no podía sentir cosas más allá que lo que sentía, pero comencé a pensar que yo estaba siendo un problema. Me molestaba mucho la idea de que ella no se sintiera cómoda con las amistades suyas porque le decían que no me hiciera sufrir más, y que se decidiera de una vez por el quiebre o por el intento. Me dolía verla sufrir a diario por sus problemas que, hoy por hoy, veía que era solamente por sus amistades y por mí.

 No me gustaba ser un problema, y no me gusta serlo aún. No quiero más lágrimas derramadas por tristeza, ni de ella ni de mi. Lo único que faltaba era una decisión firme, y un momento de calma, en el cual ella pudiera pensar las cosas con calma y sin presiones.

 No sé si ella lo sabe, pero la única razón por la que lo pasaba mal junto a ella era que no me gustaba verla sufrir por motivos que me involucraban. Tampoco me gustaba que ella sintiera inseguridad hacia lo que podíamos tener, porque yo veía mucho cariño y amor en ella (como ya dije), pero sus dudas constantes la frenaban a entregar un poco más de su cariño.

 Aún tengo la esperanza de que pueda estar segura de lo que podríamos tener, aunque sea una ilusión de niño sin su juguete. Aún tengo ganas de hablar con ella, hasta que me diga realmente lo que siente. Nunca voy a tragarme por completo la idea de que no tenía ganas de algo más, porque sino, nunca me habría involucrado con su mundo y sus amistades (aunque hacia el final, ella dejó de involucrarme en su mundo).

 También estoy consciente de los mil factores que la impulsaron a desertar de estar conmigo: sus exs insistentes, su "amistad" con la que peleó hace poco, su poco tiempo sola antes de estar conmigo, la velocidad con la que se dieron las cosas, mi presión inconsciente por querer algo más en poco tiempo.

 Siempre habrá mil factores, y espero que no sea mi forma de amar a las parejas, en la cual entrego mucho de mí, y doy mucho cariño.

 No sé si la habré saturado en este segundo intento de relación, pero nunca noté una queja o una mala cara. O sí, si la noté. Cuando empezaba el día con ella, le encantaba cómo era. Cuando concluía el día, la notaba siempre un poco retraída, como si ya no quisiera más cariño.

 Claro, siempre creí que era esa misma inseguridad que la azotaba, pero quizá era la misma razón que trato ahora: el exceso de amor.

 Siempre quedaré con la duda; nunca sabré si debo ser así con mis parejas o si debo ser un hombre frío y sin sentimientos, que exprese poco cariño a sus parejas. Debe ser el punto medio, pero siempre se me da uno de esos extremos.

 Quizás deba alimentarme un poco del otro extremo, pero no sé cómo hacerlo.

 Estoy seguro que me pasará lo mismo que ahora la próxima vez que tenga una pareja, y probablemente se vaya todo a la mierda una y otra vez. Apenas si puedo creer en el amor en este momento. No sé si deba amar nuevamente, porque no quiero dañar a alguien. No quiero sufrir otra vez por una mujer, sea cual sea la situación. No sé si mi trastorno de dependencia afectiva cese la próxima vez que tenga una pareja, pero no se hace presente cuando estoy soltero. Quizás esté destinado a estar solo.

 Olvidar todas las ilusiones por una familia me duele mucho, pero debe ser la única solución a todos esos problemas amorosos que me caracterizan en mi vida. Desligarme de toda creencia de amor, y olvidar por completo cada impulso sexual que me desborda, porque no quiero meterme con una mujer por solo placer, para luego tener mil problemas de amor y desilusión.

 Ahora, viviré mi luto. Intentaré dejar atrás todas las ganas que tengo por volver a hablar con ella del tema, porque tengo unas ganas tremendas de que me vuelva a hablar interesada porque todo vuelva a intentarse. Pero seamos sinceros: eso no pasará. Aunque lo desee con todo mi corazón, ella debe recluirse en sus responsabilidades y en su vida, para poder desligarse de todo lo que pueda sentir por mí.

 Debo aceptarlo de una buena vez, porque aunque haya cariño, ella no siente cosas fuertes por mí. No sé qué pensará realmente, pero solo veo suposiciones en mi mente; fue lindo, pero acabó, y es todo lo que importa ahora.

 No sé qué me deparará el destino ahora, pero espero que sea algo bueno. Y a pesar de que me gustaría que ella estuviera en el, no puedo estancarme en lo que ya pasó; todo terminó, y por lo menos terminó bien.

 Me enamoré, y es todo lo que puedo concluir en este momento.

 Ahh, y dar gracias por los lindos momentos.

 Esto es todo por ahora, quizás mañana escriba más.

 Adiós.

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